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El mejor regalo que puedes darle a tu hijo

De alguna manera, nosotros como padres parecemos ser dotados con el niño perfecto para nosotros. Los niños siempre parecen despertar todo lo que necesitamos para sanar. Si podemos aceptar ese regalo con un corazón abierto, nos transformamos.

Si nos resistimos y culpamos a nuestro hijo por "portarse mal", es casi como culpar al espejo por nuestro reflejo. Y cargamos a nuestro hijo con nuestros propios asuntos pendientes.

¿Cómo podemos sanar nuestro propio equipaje y convertirnos en los padres que nuestros hijos merecen?

1. Seamos padres conscientemente.

Si prestamos atención, encontraremos las heridas que necesitan ser sanadas, sabremos dónde estamos reaccionando demasiado y dónde tenemos que examinar nuestras propias "cosas". Y, en verdad, la mayor parte son nuestras propias cosas. No es que los niños no actúen como niños, ¡siempre lo hacen!

Pero lo que molesta a unos padres pude ser agradable e incluso humorística para otros.  Cada vez que algo de nuestros hijos nos molesta de sobremanera, en realidad estamos "tropezando" con algo que nos molesta de nosotros mismos.

Sé que puede ser difícil de aceptar, pero si tus hijos te sacan de tus casillas, son "tus casillas". Si no tuvieras esa casilla, podrías responder con calma al comportamiento de tu hijo y establecer límites sin perder los estribos.

2. Rompe el ciclo usando tu botón de Pausa interno.

Cuando tus emociones se "activan", tu hijo luce como el enemigo. No puedes ser la mamá que tu hijo se merece en esos momentos. Incluso, si ya estás en el camino equivocado (enojo), DETENTE. Toma una respiración profunda y presiona el botón de pausa. Recuérdate lo que está por suceder. Sal de la habitación. No te avergüences; estás modelando un buen manejo de la ira. Es el equivalente al berrinche que hace tu hijo en el super y te avergüenza, compórtate cómo quieres que él se comporte.

3. Reconoce las emociones sin tomar acción.

Puedes sanar tus desencadenantes emocionales al notar las sensaciones que producen en tu cuerpo pero sin tomar medidas basadas en ellas. Eso no significa pensar en lo que sucedió y enredarse en la trama, lo que simplemente te atormentará. Sentimos emociones en el cuerpo. Así que darse cuenta de la sensación simplemente significa notar las sensaciones en tu cuerpo. Cuando le das la bienvenida a lo que sientes pero resistes el impulso de actuar en consecuencia, mientras te abrazas con compasión, las emociones comienzan a disiparse. Eso disuelve el viejo disparador emocional.

4. Obten ayuda para trabajar tu equipaje.

La terapia y el entrenamiento están diseñados para ayudarte a sanar problemas antiguos y avanzar más felizmente en tu vida. No hay pena en pedir ayuda. La vergüenza sería renegar de tu responsabilidad como padre al sacar tus propios problemas  y frustraciones con tu hijo. Si crees que necesitas ayuda, no esperes Date la ayuda que necesitas.

5. Desestresate.

Todos tenemos dificultades para ser los mejores padres que podemos ser cuando estamos estresados. Simplemente di NO a la electrónica cuando estés con tus hijos, dado que es mucho más probable que le grites a tu hijo si estás tratando de concentrarte en una pantalla.

Desarrolla un repertorio de hábitos que te ayuden a quitar el estrés: ejercicio regular, yoga, baños calientes, meditación. ¿No puedes encontrar el tiempo? Involucra a toda la familia. Pongan música y bailen juntos, den un paseo por el parque, pon a todos a dormir con libros temprano en la noche del viernes para una tarde tranquila y relajante y recupera tu sueño.

Cuando no llevamos una mochila llena de nuestras propias emociones cargando, nos volvemos más receptivos a las emociones de nuestros hijos. La investigación de apego muestra que cuando los padres pueden aceptar toda la gama de sentimientos de sus hijos, el niño puede manejar mejor sus emociones y calmarse a sí mismo.

No importa cuánto trabajemos en nosotros mismos, nunca seremos perfectos. Esta bien; somos humanos, los niños no necesitan padres perfectos. Pero si prestamos atención, usamos nuestros botones internos de pausa y mantenemos nuestro estrés a niveles manejables, generalmente podemos manejarnos lo suficientemente bien como para liberarnos a nosotros mismos -y a nuestros hijos- de nuestro propio pasado. Romper ese ciclo es el mejor regalo que podemos hacerle a un niño.