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CUANDO LOS HIJOS PARTEN. TE EXPLICAMOS QUÉ ES EL SÍNDROME DE NIDO VACÍO

Un hogar repleto de niños es un foco de alegría para los padres. Pero el paso del tiempo es inevitable y estos hijos que en su día fueron pequeños, ahora crecen, se van volviendo cada vez más autónomos hasta el punto en el que se independizan. Por mucho que sigan manteniendo visitas periódicas y manteniendo el contacto con sus progenitores, algunos progenitores no llevan bien esta situación.

La sensación de que faltan los niños en casa llega a abrumar a muchos padres y madres, quienes ven cómo en sus hogares falta algo. A esta situación se le conoce como el "síndrome del nido vacío", la cual puede ser muy grave para la estabilidad emocional de los adultos. De hecho se trata de una de las principales causas de depresión en mujeres adultas.

¿Qué es el síndrome del nido vacío?

El síndrome del nido vacío se produce cuando los padres tienen que decir adiós a sus hijos. Después de muchos años sirviendo a una misión: la de educar a sus hijos, ahora se ven sin esta función y comienza a aparecer en ellos una sensación de inutilidad y de poco servicio. Esto se une a la tristeza que se genera por tener lejos a una persona tan querida como un niño al que se ha criado, educado y visto crecer. Como todo cambio en esta vida, la clave está en saber adaptarse a esta nueva etapa.

La clave es ayudar

El primer paso es pedir ayuda experta que facilite este trance, al igual que cuando se tiene un problema de salud física no basta con el reposo en casa y se acude a un médico, este contexto es el mismo. Se precisa de alguien que facilite un tratamiento adecuado para la paciente. El siguiente paso es el apoyo de la familia. Desde el marido, hasta los hijos pueden ayudar a pasar por este trance.

La pareja debe buscar métodos con los que hacer que la mujer se vuelva a sentir útil: cursos, estudiar un nuevo idioma, clases de baile, de pintura, prácticas de ejercicio, viajar. Cualquier cosa vale con tal de no quedarse en casa abrumados por la sensación de soledad. Por parte de los hijos, pueden ayudar acudiendo a visitar a su madre más a menudo. Hacerle entender que aunque no siga en casa, el vínculo familiar no se ha roto, sino que ha evolucionado.