Tan simple como respirar

Nuestra respiración nos conecta con sentimientos de paz y satisfacción. Tómate un minuto para profundizar tu respiración y pasar de la respiración profunda y tersa del pecho a la respiración relajada y profunda del vientre...

Detén lo que sea que estés haciendo, cierra los ojos si es posible, respira profundamente tres veces y deja que tu cuerpo y tu mente se relajen.

Todos sabemos que es en esos momentos en los que estamos estresados es más probable que reaccionemos bruscamente con nuestro hijo.

Es imposible ser emocionalmente generosos cuando estamos tensos. Eso es porque ya estamos a mitad de camino para luchar, huir o congelarnos, por lo que cualquier mal comportamiento infantil nos empuja al límite. Pero la vida con niños siempre incluirá un comportamiento infantil, y la vida en la era moderna está llena de desencadenantes que nos hacen sentir estresados.

Por supuesto, esos factores desencadenantes, ya sean rabietas o embotellamientos de tráfico, en realidad no nos ponen tensos. Nos ponemos tensos en respuesta a ellos. Es una elección. Puede ser difícil de creer, pero es muy posible respirar profundamente y sentirse en paz durante un atasco de tráfico, o incluso una rabieta.

La forma más fácil de recordarse a sí misma como liberarse de la tensión es respirar. Sólo respira. Al notar nuestra respiración, regresamos a nuestro cuerpo, al momento presente, al equilibrio. Los maestros sabios a través de las edades han observado que el momento entre la percepción y la acción es donde tenemos la opción de no ser secuestrados por nuestra respuesta emocional automática. Esa pausa para respirar nos da una elección sobre cómo respondemos.

De hecho, si deseas cambiar tu relación con tu hijo, esta es una de las ventajas más poderosas que puedes tener. Cuando empieces a atacar, por cualquier razón, solo detente. Deja tu agenda (solo por el momento). Respira. Si puedes calmarte antes de responder a tu hijo, encontrarás que la interacción completa es diferente. Pronto, descubrirás que la relación con tu hijo se ha transformado por completo.

Hoy, te animo a detenerte y respirar a lo largo de tu día. Cada vez que estés enojada. Cuando te encuentres en el tráfico. Cuando alguien en tu casa comience una crisis. (Especialmente tu.)

A veces, cuando ponemos más atención a nuestros cuerpos, comenzamos a liberar lágrimas acumuladas. Si esto sucede para ti, dale la bienvenida a esas lágrimas. Estás aportando más espacio a tu vida al sanar esos viejos lugares heridos.

Respirar parece tan simple que puede resultarle difícil creer en su poder. Pero pruébalo, pruébalo,  tú puedes!"